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El realismo barroco, derivado de las instrucciones emanadas del Concilio de Trento, determina un profundo cambio en la concepción de la imagen religiosa en cuanto a objeto de culto.

De una parte la imagen de carácter conmemorativo para decorar fachadas o conjuntos arquitectónicos, adquiere con frecuencia un carácter grandilocuente y teatral.

De otra parte, la imagen de devoción particularmente concebida para excitar la devoción en los fieles, adquiere un evidente carácter realista que se acentúa mediante aditamientos como pelo artificial, dientes de marfil, ojos de cristal, etc., e inclusive indumentarias de telas que a la larga va en detrimento de la propia imagen pues consciente el escultor de que la mayor parte de la talla va a estar oculta, ahorra el trabajo dando origen a la imagen de candelero, armazón o maniquí con una cabeza y manos,

Paralelamente, la imagen pequeña para los cultos particulares adquiere un gran desarrollo caracterizándose por su delicada ejecución y belleza. Las escuelas de Valladolid, Sevilla, Granada y Málaga en las que trabajaban Gregorio Fernández, Martínez Montañés, Alonso Cano y Pedro de Mena, entre otros, son las mas representativas de esta estética.

Aunque existen excelentes talleres y maestros de imaginería en el s.XVIII, como la escuela de Murcia con Francisco Salzillo, se inicia un claro descenso en la calidad acentuado por la frialdad que imponen las teorías estéticas neoclásicas. Crisis que se mantiene a lo largo del s.XIX cuando surgen los talleres industriales que crean tipos iconográficos uniformes que se prodigan por todo el mundo católico, en virtud de su economía y el carácter hedonista de la representación.

Este arte llamado de San Sulpicio o de Olot, arruina los talleres creadores y así son muy contados los artistas que se dedican a la renovación de la imaginería religiosa.

Es ya en pleno s.XX en relación con la renovación litúrgica y con el nuevo sentido de la religiosidad, cuando se advierte un renacimiento de la imaginería religiosa basándose en dos premisas, la estilización de las formas y la expresión simbólica.


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